Cuando Galeano publicó la primera edición, escribe Juan Pablo Nicolini, nuestro país parecía ser la excepción: el ingreso promedio en la Argentina era comparable al de los países del sur europeo y la distribución del ingreso era la más igualitaria de la región.
Las tres décadas que siguieron a la publicación de Las venas abiertas de América latina han sido, para nuestro país, el notable ejemplo de un escandaloso fracaso: el ingreso promedio de los argentinos en 2004 fue prácticamente el mismo que el de 1974. Como referencia comparativa, en el mismo período, Estados Unidos casi duplicó su producto, Corea del Sur lo multiplicó por ocho y nuestros vecinos chilenos lo multiplicaron por tres.
Compara el autor la pobreza de Argentina con la chilena con datos que sacan a la luz "...una realidad estremecedora: en promedio, el ingreso de los pobres chilenos se multiplicó por tres, mientras que el de los pobres argentinos se redujo a la mitad. La matemática no miente: el ingreso de los pobres chilenos se multiplico por seis en relación con el de los pobres argentinos. "
Dos países que, efectivamente, pueden verse favorecidos por un debate como el que sugiere Nicolini que, en medio de la crisis internacional en curso, ayudaría a transformar experiencias en conocimientos y en nuevos modelos solidarios de desarrollo integral - como aquellos elaborados, por ejemplo, por Otto Boye, co-editor de CiberAmérica.
