La Coctelera

Bitácora Americana

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Categoría: desarrollo humano

6 Marzo 2009

 

Es una invitación a una autocrítica y a un debate abierto, inteligente y pluralista acerca del tipo de desarrollo que ha desplegado Argentina. Discusión sin la cual será  difícil reconstruir una Argentina más rica, más próspera y más justa advierte Juan Pablo Nicolini, profesor de economía y rector de la Universidad Di Tella, en el artículo "Las venas abiertas de la Argentina, más allá de la ideología"
A casi cuarenta años de la publicación de "Las Venas Abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano, Nicolini retoma el debate  oportunamente: de la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y generadora de oportunidades.  En tiempos de crisis el debate sobre el desarrollo es bienvenido - cuando no sabemos bien cómo será la sociedad que sobrevivirá a una crisis en curso que ahora globaliza riesgos desconocidos.

Cuando Galeano publicó la primera edición, escribe Juan Pablo Nicolini, nuestro país parecía ser la excepción: el ingreso promedio en la Argentina era comparable al de los países del sur europeo y la distribución del ingreso era la más igualitaria de la región.

Las tres décadas que siguieron a la publicación de Las venas abiertas de América latina han sido, para nuestro país, el notable ejemplo de un escandaloso fracaso: el ingreso promedio de los argentinos en 2004 fue prácticamente el mismo que el de 1974. Como referencia comparativa, en el mismo período, Estados Unidos casi duplicó su producto, Corea del Sur lo multiplicó por ocho y nuestros vecinos chilenos lo multiplicaron por tres.

Compara el autor la pobreza de Argentina con la chilena con datos que sacan a la luz  "...una realidad estremecedora: en promedio, el ingreso de los pobres chilenos se multiplicó por tres, mientras que el de los pobres argentinos se redujo a la mitad. La matemática no miente: el ingreso de los pobres chilenos se multiplico por seis en relación con el de los pobres argentinos. "

Dos países que, efectivamente, pueden verse favorecidos por un debate como el que sugiere Nicolini que, en medio de la crisis internacional en curso, ayudaría a transformar experiencias en conocimientos y en nuevos modelos solidarios de desarrollo integral - como aquellos elaborados, por ejemplo, por Otto Boye, co-editor de CiberAmérica.

 

30 Septiembre 2007

En una conferencia en la Universidad de Columbia, la presidenta Michelle Bachelet presentó una América Latina en la que no hay un solo modelo de desarrollo dominante - ni tampoco un eje anti-Estados Unidos. Para completar esa idea: en una ocasión anterior ella ya había diagnosticado retrocesos de la integración en la región.

Efectivamente, no existe acá nada que se parezca a un discurso hegemónico. Tal vez nunca lo hubo y el asunto sea tan viejo como para ir a ver la historia en los tiempos de los virreinatos de la Casa de Austria o de las reformas borbonas. En todo caso, incluso ahora - después de décadas de dictadores inescrupulosos que sólo se integraban para reprimir - esta América Latina del siglo XXI de gobiernos democráticos difiere frecuentemente en más asuntos que en aquellos que la unen, lo que explica a veces la intensa agenda de conversaciones, acuerdos, conversaciones, abrazos públicos y desacuerdos públicos.

Las izquierdas y los gobiernos actuales que se definen como tales tienen además una idea bien especial de lo que entienden por integración. ¿Cuanto de ideológico y cuanto de visión por un desarrollo humano en la región contienen las actuales alianzas?

Por otro lado: ¿Basta el incremento del intercambio comercial para dimensionar la integración? Luego de un año marcado por la asuntos de energía ¿Cuanto se ha avanzado en esa integración?

¿O es el neoliberalismo como lo definiera hace años el sociólogo Pierre Bourdieu un arma de conquista de una globalización que - en este caso - debilita la integración en una región que objetivamente no sólo comparte grandes problemas comunes sino que, por décadas, los entretiene sin resolverlos bien frente a un mundo que avanza velozmente. ¿Y que de avanzar en una mayor integración tendría más chances de progresar?

En todo caso, de momento, esa diversidad latinoamericana es de difícil integración. Hasta donde es posible ver tampoco la perspectiva del Bicentenario introduce cambios en eso. La impresión es que en esta Asamblea General de la ONU, los gobiernos latinoamericanos han dejado claro que la integración es una meta secundaria.

Si sólo tuviéramos aquella capacidad de los antiguos chamanes de extraer de las piedras algo del poder de la naturaleza para el bien de su gente - podríamos intentar hacer lo mismo de estas ocasiones.

9 Abril 2007

Otto Boye, co-editor de CiberAmérica ha venido escribiendo una seríe de post en su blog Aportes al Diálogo sobre las cuatro dimensiones del desarrollo humano. Su conocimiento de la obra de Ken Wilber y de otros pensadores hace de su textos - de sus aportes al diálogo como él los llama - una fuente interesante de reflexión personal.

Los títulos anteriores los pueden encontrar en Aportes al Diálogo, y en CiberAmérica.

Finalmente
podemos, a la luz de lo escrito hasta ahora, hablar con alguna
propiedad, de desarrollo integral. Queda claro de entrada que el
desarrollo no puede ser confundido con el mero crecimiento económico.
Es siempre una parte del mismo, pero no lo es todo, ni mucho menos. Y
esto es importante por lo extendida que se encuentra la idea de que lo
único que importa en un país es la economía. Sin desarrollo social
(pan, techo y abrigo), sin desarrollo cultural (educación), sin
desarrollo personal (realización individual, felicidad interior) y sin
desarrollo físico sano (salud pública) de todos los habitantes de un
país no se podrá hablar de desarrollo integral y, para mí al menos, de
pleno y verdadero desarrollo. De este modo, la búsqueda del desarrollo
integral, único verdaderamente acorde con una visión que coloca en el
centro de sus preocupaciones a la persona humana, sin exclusión alguna,
es la tarea que tenemos por delante. Si la meta final es una sociedad
solidaria y fraterna, el desarrollo integral es el camino, o sea, uno
que no descuide en ningún instante todos los aspectos del desarrollo de
las personas, de cada una y de todas las personas. Aquí ya puedo decir
que esta visión puede ser sostenida como propia por todos los
humanistas de esta tierra. Para mí, además, esta es la forma en que
entiendo hoy un humanismo integral. En sucesivos artículos breves
tratamos este tema, precisando cuatro dimensiones suyas que
generalmente se desconocen o se tratan por separado. No hemos llegado
al final, en todo caso. Hay muchos otros aspectos a considerar. Pero
eso será materia de otra serie.

Sobre Bitácora Americana

Bitácora Americana es un cuaderno de CiberAmérica, editado para compartir con vosotros temas de interés de América Latina.

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